sábado, 20 de abril de 2019

Relato del Sábado Santo


NARRADOR
La larga noche de la muerte del Señor ha pasado ya, la sombra de la muerte ha desaparecido y en medio de las penumbras de la desilusión y del silencio, Jesucristo ha resucitado glorioso para darle vida al mundo entero; su presencia ahora ha cambiado, su cuerpo en estado de glorificación es fuerza en medio de la debilidad de los hombres incrédulos ante la admirable resurrección del Señor.

- SABADO SANTO -
Del Evangelio de Mateo 27, 57-66, Juan 20,19-31

NARRADOR
Al atardecer, llegó un hombre rico de Arimatea, llamado José, que también se había hecho discípulo de Jesús,  y fue a ver a Pilato para pedirle el cuerpo de Jesús. Pilato ordenó que se lo entregaran. Entonces José tomó el cuerpo, lo envolvió en una sábana limpia y lo depositó en un sepulcro nuevo que se había hecho cavar en la roca. Después hizo rodar una gran piedra a la entrada del sepulcro, y se fue. María Magdalena y la otra María estaban sentadas frente al sepulcro. A la mañana siguiente, es decir, después del día de la Preparación, los sumos sacerdotes y los fariseos se reunieron y se presentaron ante Pilato, diciéndole:

EXTRAS
“Señor, nosotros nos hemos acordado de que ese impostor, cuando aún vivía, dijo”:

JESUS
“A los tres días resucitaré”

EXTRAS
“Ordena que el sepulcro sea custodiado hasta el tercer día, no sea que sus discípulos roben el cuerpo y luego digan al pueblo: ¡Ha resucitado! Este último engaño sería peor que el primero”

NARRADOR
El primer día de la semana, de madrugada, cuando todavía estaba oscuro, María Magdalena fue al sepulcro y vio que la piedra había sido sacada. Corrió al encuentro de Simón Pedro y del otro discípulo al que Jesús amaba, y les dijo:

MARIA MAGDALENA
“Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto”

NARRADOR
Pedro y el otro discípulo salieron y fueron al sepulcro. Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió más rápidamente que Pedro y llegó antes. Asomándose al sepulcro, vio las vendas en el suelo, aunque no entró. Después llegó Simón Pedro, que lo seguía, y entró en el sepulcro; vio las vendas en el suelo, y también el sudario que había cubierto su cabeza; este no estaba con las vendas, sino enrollado en un lugar aparte. Luego entró el otro discípulo, que había llegado antes al sepulcro: él también vio y creyó. Todavía no habían comprendido que, según la Escritura, él debía resucitar de entre los muertos. Los discípulos regresaron entonces a su casa. María se había quedado afuera, llorando junto al sepulcro. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio a dos ángeles vestidos de blanco, sentados uno a la cabecera y otro a los pies del lugar donde había sido puesto el cuerpo de Jesús. Ellos le dijeron:

ANGELES
“Mujer, ¿por qué lloras?”

MARIA MAGDALENA
“Señor, si tú te los has llevado dime donde lo has puesto y yo iré a buscarlo”

NARRADOR
Al decir esto se dio vuelta y vio a Jesús, que estaba allí, pero no lo reconoció. Jesús le preguntó:

JESUS
“Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?”

MARIA MAGDALENA
“¡Maestro!”

JESUS
“No me retengas, porque todavía no he subido al Padre. Ve a decir a mis hermanos: Subo a mi Padre, el Padre de ustedes; a mi Dios, el Dios de ustedes”

NARRADOR
Reflexión final
El espanto que nos producía la imagen de Jesús ensangrentado ha terminado, las escenas de dolor camino hacia el calvario han cesado, ahora brilla en medio de nosotros la luz de la presencia del Señor resucitado y sin espanto alguno.

Somos testigos de su resurrección fundamentalmente en nuestros corazones; el fuego dio comienzo de nuestra vigilia se ha impuesto sobre la noche oscura de la muerte porque el Hijo de Dios resucitó, en el ambiente de la oscuridad más profunda de la humanidad por la muerte del Señor, hoy nos ha nacido la luz del mundo, Jesucristo el fuego de nuestras vidas, él es el Rey y el centro de nuestros corazones acobardados por su ausencia, pero ahora alegres porque ha resucitado.

viernes, 19 de abril de 2019

Relato del Viernes Santo

NARRADOR
Acudimos con pasos vacilantes a la celebración del viernes santo, pues nuestro divino redentor ha muerto y con él nuestra esperanza; los gritos que aclamaban al Señor como Rey el Domingo de Ramos cuando hacía su entrada triunfal a Jerusalén, hoy gritan con furia, resentimiento e ignorancia, ¡Crucifíquenlo!. Ahora vive Jesús una cruda realidad, su compañera es la soledad y por supuesto el amor inconmensurable de su madre, quien así como sostenía en su regazo a Jesús cuando era niño, sostiene ahora entre sus manos su cuerpo ensangrentado.

Este viernes santo lejos de ser un simple recuerdo, se repite en la vida del mundo todos los días, el hombre y la mujer de hoy siguen siendo crucificados por los vicios, tales prácticas los conducen al sepulcro de su propia muerte, pues cerrando sus oídos a la voz del Señor han preferido la muerte a la vida. Este es el desafío que nos lanza el viernes santo ¿se puede salvar el hombre sin la cruz de Cristo, entendida no sólo como causa sino también como método?

- VIERNES SANTO -
Del Evangelio de Mateo 26, 57-75

NARRADOR
Los que habían arrestado a Jesús lo condujeron a la casa del Sumo Sacerdote Caifás, donde se habían reunido los escribas y los ancianos. Pedro lo seguía de lejos hasta el palacio del Sumo Sacerdote; entró y se sentó con los servidores, para ver cómo terminaba todo. Los sumos sacerdotes y todo el Sanedrín buscaban un falso testimonio contra Jesús para poder condenarlo a muerte; pero no lo encontraron, a pesar de haberse presentado numerosos testigos falsos. Finalmente, se presentaron dos que declararon:

EXTRAS
“Este hombre dijo: Yo puedo destruir el Templo de Dios y reconstruirlo en tres días”.

NARRADOR
El Sumo Sacerdote, poniéndose de pie, dijo a Jesús:

SUMO SACERDOTE
“¿No respondes nada? ¿Qué es lo que estos declaran contra ti?”

NARRADOR
Pero Jesús callaba. Entonces el Sumo Sacerdote insistió:

SUMO SACERDOTE
“Te conjuro por el Dios vivo a que me digas si tú eres el Mesías, el Hijo de Dios”

JESUS
“Tú lo has dicho. Además, les aseguro que de ahora en adelante verán al hijo del hombre sentarse a la derecha del Todopoderoso y venir sobre las nubes del cielo”

NARRADOR
Entonces el Sumo Sacerdote rasgó sus vestiduras, diciendo:

SUMO SACERDOTE
“Ha blasfemado. ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Ustedes acaban de oír la blasfemia. ¿Qué les parece?”

EXTRAS
“Merece la muerte”

NARRADOR
Luego lo escupieron en la cara y lo abofetearon. Otros lo golpeaban, diciéndole:

EXTRAS
“Tú, que eres el Mesías, profetiza, dinos quién te golpeó”

NARRADOR
Mientras tanto, Pedro estaba sentado afuera, en el patio. Una sirvienta se acercó y le dijo:

EXTRAS
“Tú también estabas con Jesús, el Galileo”

NARRADOR
Pero él lo negó delante de todos, diciendo:

PEDRO
“No sé lo que quieres decir”

NARRADOR
Al retirarse hacia la puerta, lo vio otra sirvienta y dijo a los que estaban allí:

EXTRAS
“Este es uno de los que acompañaban a Jesús, el Nazareno”

NARRADOR
Y nuevamente Pedro negó con juramento:

PEDRO
“Yo no conozco a ese hombre”

NARRADOR
Un poco más tarde, los que estaban allí se acercaron a Pedro y le dijeron:

EXTRAS
“Seguro que tú también eres uno de ellos; hasta tu acento te traiciona”

NARRADOR
Entonces Pedro se puso a maldecir y a jurar que no conocía a ese hombre. En seguida cantó el gallo, y Pedro recordó las palabras que Jesús había dicho:

JESUS
“Antes que cante el gallo, me negarás tres veces”

NARRADOR
Y saliendo, lloró amargamente...

NARRADOR
Cuando amaneció, todos los sumos sacerdotes y ancianos del pueblo deliberaron sobre la manera de hacer ejecutar a Jesús. Después de haberlo atado, lo llevaron ante Pilato, el gobernador, y se lo entregaron. Judas, el que lo entregó, viendo que Jesús había sido condenado, lleno de remordimiento, devolvió las treinta monedas de plata a los sumos sacerdotes y a los ancianos, diciendo:

JUDAS
“He pecado, entregando sangre inocente».

NARRADOR
Entonces él, arrojando las monedas en el Templo, salió y se ahorcó.

NARRADOR
Pilato convocó a los sumos sacerdotes, a los jefes y al pueblo, y les dijo:

PILATO
“Ustedes me han traído a este hombre, acusándolo de incitar al pueblo a la rebelión. Pero yo lo interrogué delante de ustedes y no encontré ningún motivo de condena en los cargos de que lo acusan; ni tampoco Herodes, ya que él lo ha devuelto a este tribunal. Como ven, este hombre no ha hecho nada que merezca la muerte. Después de darle un escarmiento, lo dejaré en libertad”

EXTRAS
“¡Que muera este hombre! ¡Suéltanos a Barrabás!”

NARRADOR
A Barrabás lo habían encarcelado por una sedición que tuvo lugar en la ciudad y por homicidio. Pilato volvió a dirigirles la palabra con la intención de poner en libertad a Jesús. Pero ellos seguían gritando:

EXTRAS
“¡Crucifícalo! ¡Crucifícalo!”

PILATO
“¿Qué mal ha hecho este hombre? No encuentro en él nada que merezca la muerte. Después de darle un escarmiento, lo dejaré en libertad”

NARRADOR
Pero ellos insistían a gritos, reclamando que fuera crucificado, y el griterío se hacía cada vez más violento. Al fin, Pilato resolvió acceder al pedido del pueblo. Dejó en libertad al que ellos pedían, al que había sido encarcelado por sedición y homicidio, y a Jesús lo entregó al arbitrio de ellos. Cuando lo llevaban, detuvieron a un tal Simón de Cirene, que volvía del campo, y lo cargaron con la cruz, para que la llevara detrás de Jesús. Lo seguían muchos del pueblo y un buen número de mujeres, que se golpeaban el pecho y se lamentaban por él. Pero Jesús, volviéndose hacia ellas, les dijo:

JESUS
“¡Hijas de Jerusalén!, no lloren por mí; lloren más bien por ustedes y por sus hijos. Porque se acerca el tiempo en que se dirá: ¡Felices las estériles, felices los senos que no concibieron y los pechos que no amamantaron!”

NARRADOR
Con él llevaban también a otros dos malhechores, para ser ejecutados. Cuando llegaron al lugar llamado «del Cráneo», lo crucificaron junto con los malhechores, uno a su derecha y el otro a su izquierda. Jesús decía:

JESUS
“Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”

NARRADOR
Después se repartieron sus vestiduras, sorteándolas entre ellos. El pueblo permanecía allí y miraba. Sus jefes, burlándose, decían:

EXTRAS
“Ha salvado a otros: ¡que se salve a sí mismo, si es el Mesías de Dios, el Elegido!”

NARRADOR
Sobre su cabeza había una inscripción: “Este es el rey de los judíos”. Era alrededor del mediodía. El sol se eclipsó y la oscuridad cubrió toda la tierra hasta las tres de la tarde. El velo del Templo se rasgó por el medio. Jesús, con un grito, exclamó:

JESUS
“Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”

NARRADOR
Y diciendo esto, expiró.

Reflexión final
No creemos que la cruz es, además, para nosotros, un signo de salvación y por eso no la aceptamos en nuestra vida, no agradecemos la cruz que Dios nos ha concedido, y la rechazamos con todas nuestras fuerzas o nos desesperamos y la estamos maldiciendo continuamente.

Por eso, hoy también se nos pide que al adorar la cruz de Cristo, adoremos nuestra propia cruz. Que la aceptemos como muestra del amor de Dios a nosotros. Y pidamos a Dios el Espíritu de Jesús para que podamos extender con él y como él voluntariamente los brazos sobre nuestra propia cruz y ofrecerla a Dios como instrumento de salvación para nosotros y para nuestro mundo.

jueves, 18 de abril de 2019

Relato del Jueves Santo

NARRADOR
El Jueves Santo es, según un cantar popular castellano, uno de los tres jueves del año que relucen más que el sol. Y no es para menos: en vísperas de dar su vida por nosotros. 

Es en este día que observamos dos gestos de Jesús: el primero es la fracción del pan, el segundo el lavatorio de los pies a sus discípulos. Ambos constituyen el testamento y la herencia que nos ha legado, la tradición que hemos recibido del Señor. 

Ambos gestos significan en el fondo lo mismo: que Jesús nos ama hasta el extremo, como se vería en el Calvario al día siguiente. Significan, también, que todos los que se consideran discípulos de Jesús deben amarse los unos a los otros, como él los ha amado.

- JUEVES SANTO -
Del Evangelio de Marcos 14-12,49; Juan 1-9

NARRADOR
El primer día de la fiesta de los panes Ácimos, cuando se inmolaba la víctima pascual, los discípulos dijeron a Jesús:

EXTRAS
“¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la comida pascual?”

NARRADOR
El envió a dos de sus discípulos, diciéndoles:

JESUS
“Vayan a la ciudad; allí se encontrarán con un hombre que lleva un cántaro de agua. Síganlo, y díganle al dueño de la casa donde entre: El Maestro dice: ¿Dónde está mi sala, en la que voy a comer el cordero pascual con mis discípulos? El les mostrará en el piso alto una pieza grande, arreglada con almohadones y ya dispuesta; prepárennos allí lo necesario”.

NARRADOR
Durante la Cena, cuando el demonio ya había inspirado a Judas Iscariote, hijo de Simón, el propósito de entregarlo, sabiendo Jesús que el Padre había puesto todo en sus manos y que él había venido de Dios y volvía a Dios, se levantó de la mesa, se sacó el manto y tomando una toalla se la ató a la cintura. Luego echó agua en un recipiente y empezó a lavar los pies a los discípulos y a secárselos con la toalla que tenía en la cintura. Cuando se acercó a Simón Pedro, este le dijo:

PEDRO
“¿Tú, Señor, me vas a lavar los pies a mí?”

JESUS
“No puedes comprender ahora lo que estoy haciendo, pero después lo comprenderás”

PEDRO
“¡No! ¡Tú jamás me lavarás los pies a mí!”

JESUS
“Si yo no te lavo, no podrás compartir mi suerte”

PEDRO
Entonces, Señor, ¡no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza!”

JESUS
“El que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque está completamente limpio. Ustedes también están limpios, aunque no todos”

NARRADOR
El sabía quién lo iba a entregar, y por eso había dicho: “No todos ustedes están limpios”. Después de haberles lavado los pies, se puso el manto, volvió a la mesa y les dijo:

JESUS
“¿Comprenden lo que acabo de hacer con ustedes? Les aseguro que uno de ustedes me entregará, uno que come conmigo”

NARRADOR
Ellos se entristecieron y comenzaron a preguntarle, uno tras otro:

EXTRAS
“¿Seré yo?”; ¿Seré yo Maestro?; ¿Jesús yo te traicionaré?

JESUS
“Es uno de los Doce, uno que se sirve de la misma fuente que yo. El Hijo del hombre se va, como está escrito de él, pero ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre será entregado: más le valdría no haber nacido!”

NARRADOR
Mientras comían, Jesús tomo el pan, pronunció la bendición, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo:

JESUS
“Tomen, esto es mi Cuerpo”

NARRADOR
Después tomó una copa, dio gracias y se la entregó, y todos bebieron de ella. Y les dijo:

JESUS
“Esta es mi Sangre, la Sangre de la Alianza, que se derrama por muchos. Les aseguro que no beberá más del fruto de la vid hasta el día en que beba el vino nuevo en el Reino de Dios”

NARRADOR
Después del canto de los Salmos, salieron hacia el monte de los Olivos. Y Jesús les dijo:

JESUS
“Todos ustedes se van a escandalizar, porque dice la Escritura: Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas. Pero después que yo resucite, iré antes que ustedes a Galilea”

PEDRO
“Aunque todos se escandalicen, o no me escandalizaré”

JESUS
“Te aseguro que hoy, esta misma noche, antes que cante el gallo por segunda vez, me habrás negado tres veces”

PEDRO
“Aunque tenga que morir contigo, jamás te negaré”

NARRADOR
Llegaron a una propiedad llamada Getsemaní, y Jesús dijo a sus discípulos:

JESUS
“Quédense aquí, mientras yo voy a orar”

NARRADOR
Después llevó con él a Pedro, Santiago y Juan, y comenzó a sentir temor y a angustiarse. Entonces les dijo:

JESUS
“Mi alma siente una tristeza de muerte. Quédense aquí velando”

NARRADOR
Adelantándose un poco, se postró en tierra y rogaba que, de ser posible, no tuviera que pasar por esa hora.

JESUS
“Abba –Padre– todo te es posible: aleja de mí este cáliz, pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya”

NARRADOR
Después volvió y encontró a sus discípulos dormidos. Y Jesús mirándolos dijo a Pedro:

JESUS
“Simón, ¿duermes? ¿No has podido quedarte despierto ni siquiera una hora? Permanezcan despiertos y oren para no caer en la tentación, porque es espíritu está dispuesto, pero la carne es débil”

NARRADOR
Luego se alejó nuevamente y oró, repitiendo las mismas palabras. Al regresar, los encontró otra vez dormidos, porque sus ojos se cerraban de sueño, y no sabían qué responderle. Volvió por tercera vez y les dijo:

JESUS
“Ahora pueden dormir y descansar. Esto se acabó. Ha llegado la hora en que el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. ¡Levántense! ¡Vamos! Ya se acerca el que me va a entregar”

NARRADOR
Jesús estaba hablando todavía, cuando se presentó Judas, uno de los Doce, acompañado de un grupo con espadas y palos, enviado por los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos. El traidor les había dado esta señal:

JUDAS
“Es aquel a quien voy a besar. Deténganlo y llévenlo bien custodiado”

NARRADOR
Inmediatamente se acercó a Jesús, diciéndole:

JUDAS
“Salud, Maestro”

JESUS
“Amigo, ¡cumple tu cometido!”

NARRADOR
Entonces se abalanzaron sobre él y lo detuvieron. Uno de los que estaban con Jesús sacó su espada e hirió al servidor del Sumo Sacerdote, cortándole la oreja. Jesús le dijo:

JESUS
“Guarda tu espada, porque el que a hierro mata a hierro muere ¿O piensas que no puedo recurrir a mi Padre? El pondría inmediatamente a mi disposición más de doce legiones de ángeles. Pero entonces, ¿cómo se cumplirían las Escrituras, según las cuales debe suceder así?”

NARRADOR
Y en ese momento dijo Jesús a la multitud:

JESUS
“¿Soy acaso un ladrón, para que salgan a arrestarme con espadas y palos? Todos los días me sentaba a enseñar en el Templo, y ustedes no me detuvieron”

NARRADOR
Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que escribieron los profetas. Entonces todos los discípulos lo abandonaron y huyeron.

Reflexión final
Lo que Jesús hizo en la Última Cena es para nosotros, los cristianos, un indicativo y un imperativo: la expresión del amor de Jesús a los hombres y el mandamiento de amarnos los unos a los otros. Jesús lo hizo por amor y el amor lleva al amor. Quien experimenta el amor de Cristo no queda igual, no puede quedar igual. Los apóstoles en la Última Cena son testigos del amor de Cristo y de la inmensa responsabilidad que queda en sus manos. De ahora en adelante son más conscientes, por una parte, de su propia miseria, como hombres y pecadores, pero, por otra parte, son más conscientes de los tesoros infinitos que Dios ha depositado en su alma.

domingo, 9 de abril de 2017

Relato del Domingo de Ramos

NARRADOR
La Semana Santa va precedida por la Cuaresma, que culmina en la Semana de la Pasión donde se celebra la Eucaristía en el Jueves Santo, se conmemora la Crucifixión de Jesús el Viernes Santo y la Resurrección en la Vigilia Pascual durante la noche del Sábado Santo al Domingo de Resurrección.

Vivir la Semana Santa es acompañar a Jesús con nuestra oración, sacrificios y el arrepentimiento de nuestros pecados. Lo importante de este tiempo no es el recordar con tristeza lo que Cristo padeció, sino entender por qué murió y resucitó.

Es celebrar y revivir su entrega a la muerte por amor a nosotros y el poder de su Resurrección, que es primicia de la nuestra.

La Semana Santa fue la última semana de Jesús en la tierra, entre los hombres. Su Resurrección nos recuerda que fuimos creados para vivir eternamente… junto a Dios.

Como cada año, en el Domingo de Ramos, nos conmueve subir junto a Jesús al monte, al santuario, acompañarlo en su acenso. En este día, por toda la faz de la tierra y a través de todos los siglos, personas de todas las edades lo aclaman gritando: “¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!”

Nuestra procesión de hoy por tanto quiere ser imagen de algo más profundo, imagen del hecho que, junto con Jesús, comenzamos la peregrinación: por el camino elevado hacia el Dios vivo. Es el camino al que Jesús nos invita. Pero, ¿cómo podemos mantener el paso en esta subida? ¿No sobrepasa quizás nuestras fuerzas?

- DOMINGO DE RAMOS -
Del Evangelio de Mateo 21-1,11

NARRADOR
Cuando se acercaron a Jerusalén y llegaron a Betfagé, al monte de los Olivos, Jesús envió a dos discípulos, diciéndoles:

JESUS
«Vayan al pueblo que está enfrente, e inmediatamente encontrarán un asna atada, junto con su cría. Desátenla y tráiganmelos. Y si alguien les dice algo, respondan: «El Señor los necesita y los va a devolver en seguida».

NARRADOR
Esto sucedió para que se cumpliera lo anunciado por el Profeta: "Digan a la hija de Sión: Mira que tu rey viene hacia ti, humilde y montado sobre un asna, sobre la cría de un animal de carga". Los discípulos fueron e hicieron lo que Jesús les había mandado; trajeron el asna y su cría, pusieron sus mantos sobre ellos y Jesús se montó. Entonces la mayor parte de la gente comenzó a extender sus mantos sobre el camino, y otros cortaban ramas de los árboles y lo cubrían con ellas. La multitud que iba delante de Jesús y la que lo seguía gritaba:

EXTRAS
“¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!”

NARRADOR
Cuando entró en Jerusalén, toda la ciudad se conmovió, y preguntaban: “¿Quién es este?” Y la gente respondía:

EXTRAS
“Es Jesús, el profeta de Nazaret en Galilea”

Reflexión final
Subimos con el Señor en peregrinación. Buscamos el corazón puro, buscamos la verdad, buscamos el rostro de Dios. El seguimiento de Cristo requiere como primer paso volver a despertar la nostalgia por el auténtico ser humano y así revivir por Dios. Nuestra peregrinación en el seguimiento de Cristo por tanto no va hacia una ciudad terrena, sino hacia la nueva Ciudad de Dios que crece en medio de este mundo.

Podemos preguntarnos: ¿qué quiere de nosotros? Quiere que, al contemplarlo, aceptemos seguirlo en su pasión, para compartir con él la resurrección. En el inicio de la Semana Santa estamos invitados a tomar parte en el drama de Jesús, nuestro drama; no somos ni espectadores ni turistas, con Jesús somos los protagonistas de la historia de la salvación. En la Semana Santa celebramos nuestra vida, nuestra muerte y nuestra resurrección.